Una curiosidad que se deja ver en el marco de la crisis global y que tiene que ver con el pedido por parte de ricos europeos de pagar más impuestos.
miércoles, 15 de febrero de 2012
martes, 14 de febrero de 2012
lunes, 13 de febrero de 2012
viernes, 10 de febrero de 2012
A próposito de la gestión Macri y las elecciones en la Ciudad
A próposito de la gestión Macri y las elecciones en la Ciudad, una entrevista que me hicieron el año pasado para la radio de las madres.
martes, 7 de febrero de 2012
Razones y orientaciones de una reforma deseable
Una serie de problemáticas históricas desatendidas brindan buenas razones para impulsar la reforma tributaria en el país. En particular, si se quiere avanzar en la redistribución del ingreso. Recordemos que al amparo de las ideas neoliberales se eliminó el impuesto a la herencia, se olvidó el gravamen a la renta potencial de la tierra, se consolidó el trato laxo a las rentas de capital, financieras y a las ganancias extraordinarias; se impuso la generalización del IVA a tasas elevadísimas y entre otras medidas regresivas que afectaron el financiamiento del estado (privatización previsional y rebaja de los aportes patronales), se derogaron impuestos internos que gravaban de modo diferencial el consumo suntuario.
No postulamos volver al pasado. Destacamos que el sistema tributario argentino perdió instrumentos que le permitan gravar adecuadamente las distintas manifestaciones de capacidad contributiva. Un aprendizaje insoslayable de esa etapa es que el debilitamiento de la tributación directa, y en particular del Impuesto a las Ganancias, favorece la concentración económica y la desigualdad.
En un contexto de fuerte concentración económica e informalidad extendida, el poder redistributivo de los salarios se ve limitado y requiere de otros instrumentos para resultar eficaz. El gasto público, su orientación y eficacia, puede contribuir a mejorar la situación. Pero el sistema tributario también debe ayudar a resolver la tarea pendiente. El consabido apotegma neoliberal que insiste en otorgar sólo al gasto el impacto redistributivo, postulando la supuesta neutralidad de los tributos, en realidad brinda una coartada fenomenal a la concentración de la riqueza y los ingresos para fugar del poder tributario. El financiamiento del gasto incide sobre la distribución del ingreso, nunca es neutro. No alterar el impacto regresivo tiende a validar la desigualdad existente.
La reasignación de los flujos de ingreso generados en la actividad económica es condición necesaria para equilibrar las asimetrías distributivas. Pero dado el proceso de concentración del capital y sus consecuencias, los stocks de riqueza requieren ser afectados, de lo contrario, la concentración en sí resulta un reaseguro del proceso de concentración y desigualdad, en tanto tiende a replicar y reproducir sobre los flujos la distribución preexistente. En otros términos, la desigualdad genera desigualdad y la concentración más concentración. A menos que la política fiscal corrija.
Debe destacarse que desde 2003, se introdujeron enormes y significativas mejoras en materia de financiamiento del sector público. La presión tributaria creció a nivel nacional y se mantuvo estable a nivel subnacional en la Argentina de los últimos lustros. Pero en su conjunto pasó de 20 a 30 puntos del PBI.
Así mejoró la capacidad de autofinanciamiento del estado argentino. En gran medida, esto se debe a la vigencia del impuesto a los débitos y créditos bancarios, los derechos de exportación e importación y a la estatización del Sistema Previsional. Por su lado, la expansión de los mecanismos de retención y percepción de impuestos y otras mejoras de la administración, introdujeron dificultades y bloqueos al incumplimiento que mejoran la recaudación. La participación de los recursos provenientes de los ingresos y el patrimonio se incrementó y en consecuencia disminuyó la presencia de los gravámenes al consumo, que hoy explican no más del 56% siendo que representaron casi el 70% del total.
Pese a las fenomenales mejoras, perduran rémoras del pasado. Un IVA casi plano que impone la misma alícuota del 21% a casi todos los consumos; un impuesto a las ganancias que en más del 60% proviene de empresas que pueden predefinir su alcance y trasladarlo en los precios hacia los consumidores y, del resto, la mayor parte proveniente del trabajo personal; sumado a un gasto tributario que supera el 2% del PBI y que en buena medida se debe a las exenciones a las rentas de capital y financieras o a beneficios al capital más concentrado, componen un cuadro de situación en la inercia del heredado.
Por otra parte, las fatigas del federalismo fiscal argentino se acentuaron y desnudan limitaciones al financiamiento sustentable de un estado moderno, que expande y universaliza derechos en el marco de la ampliación de la ciudadanía y que, por ende, demanda recursos crecientes para su efectiva realización. Es en este marco que se insiste en la reforma tributaria en la Argentina. Reforma que depende fundamentalmente de la correlación de fuerzas políticas y que no se agota en la definición de bases, hechos, sujetos imponibles y alícuotas, sino que incluye el esquema de redistribución de recursos entre nación y provincias (coparticipación) y la administración tributaria.
La Coparticipación y la Administración son un capítulo central de la reforma tributaria. La distribución del ingreso tiene una dimensión geográfica que debe ser atendida. Dadas las asimetrías existentes que tienden a reproducirse con la coparticipación vigente, pensamos que la vía de la descentralización que muchos proponen, no va a resolver el problema. Otro tanto sucede con la Administración Tributaria. Buena parte de la reforma liga su éxito a la capacidad de gestión del sistema tributario. No hay reforma exitosa sin capacidad de gestión para administrarla.
Para finalizar, enunciamos algunas propuestas puntuales:
a) hacer más efectiva la recaudación de impuestos en la Argentina actual requiere preservar el grado de centralización de los ingresos, federalizar la administración tributaria e introducir medidas más decididas de control y disuasión del incumplimiento (Instituir un director tributario en los grandes conglomerados empresarios, por ejemplo)
b) recuperar capacidad de incidir positivamente en la distribución del ingreso con el sistema tributario demanda reformar tanto el impuesto a las ganancias como el IVA para atender a realidades diferenciadas ( rentas extraordinarias, pymes vs. grandes empresas, gravámenes menor a los consumos en alimentos, etc) y tornarlas congruentes con el modelo de acumulación deseado.
c) Es imprescindible contar con un gravamen Inmobiliario fuerte, combinado con retenciones selectivas que aseguren los tipos de cambio diferenciados que la heterogeneidad del desarrollo buscado requiere.
Publicada en el Número 1 de la Revista de AEDA - Agosto 2011
lunes, 6 de febrero de 2012
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Exportación y tributación: Dos a quererse (o no)

Por Alejandro Otero, experto en temas tributarios
politica@miradasalsur.com
El incumplimiento tributario a lo largo de las cadenas de valor de los exportables argentinos no es nuevo. La brecha entre la capacidad de pago y la tributación efectiva en estos sectores fue históricamente importante. Agricultura, ganadería, hidrocarburos, minería y pesca, entre otros, han sabido generar condiciones favorables para evitar el poder del fisco. La irrelevante recaudación del inmobiliario, la informalidad laboral, el enanismo fiscal, el trato generoso de las normas y el ocultamiento liso y llano de operaciones son fenómenos muy conocidos y de larga data en el país, que muy recientemente han comenzado a enfrentarse de modo metódico y sistemático. En este marco, los grandes operadores del comercio exterior merecen un párrafo aparte y generan un fenómeno cuyas consecuencias exceden el caso argentino.
politica@miradasalsur.com
El incumplimiento tributario a lo largo de las cadenas de valor de los exportables argentinos no es nuevo. La brecha entre la capacidad de pago y la tributación efectiva en estos sectores fue históricamente importante. Agricultura, ganadería, hidrocarburos, minería y pesca, entre otros, han sabido generar condiciones favorables para evitar el poder del fisco. La irrelevante recaudación del inmobiliario, la informalidad laboral, el enanismo fiscal, el trato generoso de las normas y el ocultamiento liso y llano de operaciones son fenómenos muy conocidos y de larga data en el país, que muy recientemente han comenzado a enfrentarse de modo metódico y sistemático. En este marco, los grandes operadores del comercio exterior merecen un párrafo aparte y generan un fenómeno cuyas consecuencias exceden el caso argentino.
En el marco de la globalización y la multiplicación de los paraísos fiscales, la capacidad para fugar del poder tributario de estos actores se ha potenciado. Muy acertadamente la presidenta CFK ha impulsado en el G-20 la necesidad de combatir los paraísos fiscales. Porque sin ellos esta capacidad pierde un aliado esencial. En el mismo sentido y en los últimos foros internacionales, el jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray, ha planteado el desafío que los “contribuyentes globales” imponen a la administración tributaria.Prácticas cada vez más extendidas en el marco de la globalización y la fenomenal concentración económica mundial, como el comercio intraempresa, la triangulación de operaciones y la localización planeada de bases y hechos imponibles en jurisdicciones de baja o menor tributación relativa complejizan el accionar del fisco y generan fenomenales excedentes financieros que evitan la fiscalidad internacional y agravan, aún más, las brutales asimetrías que genera el capitalismo global.
Se trata de actores que operan a escala mundial con estrategias de planeamiento fiscal sofisticadas, que transitan con habilidad los bordes difusos de las normas tributarias y que condensan un enorme poder de lobby, frente a Estados que controlan a escala nacional y no siempre con la voluntad política que demanda enfrentar el problema.Esta diferencia de escala es crucial. Un dato: investigaciones recientes evidencian que, en el mundo y en América latina y contrariamente a lo que se suele difundir y sostener, la mayor parte de los flujos financieros ilícitos y globales proviene de operaciones comerciales. Es decir no se originan mayoritariamente en la corrupción estatal o en las actividades criminales, que obviamente generan una parte de estos flujos, sino en transacciones que se gestan mediante el forzamiento de las situaciones imperantes, por ejemplo, a través de maniobras de sobre o subfacturación o del abuso en los llamados “precios de transferencia”.
En este marco, es preciso considerar que las mejoras que se logren a nivel nacional y regional son indispensables y, también, que existe una dimensión sistémica global del problema que demanda una mirada diferente de estos actores desde el poder tributario.Estamos en los albores de la gestación de un nuevo paradigma en la visión del comercio mundial y los flujos financieros internacionales y sus consecuencias fiscales. En principio es necesario superar el dogma liberal que desaconseja gravar las exportaciones, que suele operar como mal disimulado telón de fondo legitimador de estas prácticas nocivas.
La construcción de una red global de administraciones tributarias tejida en base a acuerdos efectivos de intercambio de información (puntuales y masivos) es una paso imprescindible en el que nuestro país es pionero. La generación de una instancia global de coordinación fiscal es otro.
Un paso un poco más audaz tal vez requiera repensar a estos actores económicos que son, además, fenomenales operadores de bienes esenciales para el desarrollo humano, propagadores de empleo directo e indirecto a gran escala, potenciales dinamizadores de la inversión y generadores de bases tributarias indispensables para el sostenimiento del estado moderno. Todas cuestiones demasiado relevantes para estar sujetos formalmente casi al mismo trato que un contribuyente menor que opera su negocio y es asesorado por el contador del barrio. ¿No le parece?.
Publicado en Miradas al Sur el Sábado 6 de noviembre.
“Impuestazo y endeudamiento: clásico macrista de primavera”

Por Alejandro Otero Ex director de Rentas de la CABA.
Macri no disimuló su neoliberalismo tardío. Y con las finanzas de la Ciudad menos. Siempre ofrece el mismo trago amargo: impuestazo y endeudamiento. El ABL primero y luego las patentes, los consumos por vía de ingresos brutos y la ampliación del impuesto de sellos. Para 2011, insiste con aumentar el ABL en un contexto dónde la recaudación aumenta por el crecimiento económico y la inflación. No impulsó una sola medida progresista en materia de financiamiento. Así, castigando los bolsillos porteños, los ingresos no dejaron de crecer. Hoy, con los 25.400 millones previstos para 2011, el PRO dispone del presupuesto más alto de la historia de la Ciudad. En paralelo, la deuda no dejó de crecer. Hoy supera los 5 mil millones y pretende otra autorización para endeudarse en 2011 por 2000 millones. Todo sin ver mejoras. Escuelas colapsadas y ni un kilómetro más de subte. Salvo esas vereditas coquetas y los carriles especiales para ciclistas.
Este cuadro regresivo, que beneficia a contratistas y proveedores “amigos”, se completa con subejecución del gasto social e implica una gran transferencia de recursos desde los sectores populares hacia los más concentrados. La política de impuestazo y endeudamiento expresa la más rancia práctica del neoliberalismo, que cacarea a favor de equilibrio fiscal y hunde en el desfinanciamiento al Estado para postrarlo en el yugo de la deuda, limitar su autonomía y deslegitimarlo. Los porteños son quienes pagan la cuenta. Mientras la deuda crece, crece también el esfuerzo para pagarla y las ganancias de los bancos que prestan y los mediadores de la colocación de la deuda. Pocos ganan y muchos pierden. Su gestión es cara, pero peor.
Publicado en Tiempo Argentino el sábado 6 de noviembre.
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