domingo, 18 de octubre de 2009

Respecto a los recursos del Presupuesto 2010 de la ciudad

PRESUPUESTO PORTEÑO
El Frente Grande porteño cuestionó a Macri por el presupuesto 2010

Buenos Aires, 11 octubre (NA) -- El presidente del Frente Grande de la Capital, Alejandro Otero, criticó con dureza el proyecto de presupuesto presentado por el gobierno de Mauricio Macri al sostener que "siendo el presupuesto de recursos más alto de la historia, no alcanza y el resultado es deficitario".

"La mayor parte del financiamiento de la Ciudad provendrá otra vez del bolsillo de los sectores medios porteños", afirmó Otero, luego de analizar los principales puntos del Presupuesto porteño que analiza la Legislatura porteña.

"Las grandes fortunas patrimoniales, los empresarios amigos que explotan concesiones, juego, promueven la construcción y ocupan las veredas coquetas, continuarán haciendo como si pagaran", afirmó, mediante un comunicado.

Ex responsable de los ingresos de la Ciudad entre 2000 y 2006, el líder del Frente Grande porteño presentó una "primera mirada sobre los recursos del presupuesto de la Ciudad 2010" y en la que incluyó críticas al endeudamiento.

"Crecerá el endeudamiento, y no hay que descartar impuestazos.

La Ciudad no mejora, y pese a eso, la gestión PRO no abandona su línea: cara pero peor", disparó.

FUENTE: http://www.terra.com.ar/feeds/notas/256/256592.html

OTROS LINKS:
http://seccionpolitica.com.ar/ciudad-otero-con-criticas-al-presupuesto-2010-aid3614.html
http://www.genteba.com.ar/politica/notas/pol_nota.php?id=5854

martes, 6 de octubre de 2009

Ponencia en la Asamblea Nacional del Frente Grande, el pasado 26/9

Escuché con mucha atención e interés a quienes me precedieron. En todas las intervenciones hay dos cuestiones que de un modo u otro se reiteran y que comparto. La primera es de posicionamiento: la pertenencia de nuestro Partido a un espacio de compromiso con la construcción de una sociedad más justa y democrática, el apoyo a las transformaciones iniciadas en 2003 y la integración consecuente como aliados del gobierno nacional. La segunda es estratégica. La necesidad de evitar cualquier retroceso en las conquistas y logros de recuperación que se alcanzaron en esta etapa y la orientación a profundizar las transformaciones en marcha. Bien, quiero decirlo rápido. Para asegurar los logros y avanzar, con apoyar al gobierno no alcanza. Y menos en esta etapa, dónde desde junio a la fecha hay al menos dos -y tal vez tres- situaciones muy diferentes respecto de la etapa previa que constituyen riesgos a tener a muy presentes. El primero es objetivo y está enmarcado por aquellas cuestiones que no existían antes del 28/6. Me refiero a la derrota electoral, a las bases yanquis en Colombia y a la aventura golpista en Honduras. Con todo lo que ello implica.

Las tareas pendientes anteriores al 28 de junio son las mismas: la elaboración de una concepción superadora del neoliberalismo, la articulación de un espacio político, social, económico y cultural que le de viabilidad histórica, y la construcción de un estado consistente con esa perspectiva que pueda removerlo de su lugar actual de garante de la ortodoxia. Las mismas tareas pendientes, pero las condiciones objetivas son ahora menos favorables. Por otro lado, existe un segundo riesgo, que llamaría el de la “autocomplacencia”. Es decir, el riesgo derivado de la confianza en que la economía, en la medida en que mejore y se retome una senda de crecimiento, bastará para asegurar el apoyo político que necesitamos para darle continuidad al proyecto. Grave error. No porque la economía no vaya a mejorar el año próximo. Coincido con Arnaldo y digo más. Es de la mano de la expectativa de la cosecha de soja y de las condiciones internacionales de nuestros “clientes” que, paradójicamente una vez más, el país encuentra en la crisis una oportunidad extraordinaria. Sin embargo, aún cuando la economía retome una senda de crecimiento y virtuosismo macroeconómico, si nada hacemos para que esos logros se conviertan en activos políticos, y nos lo demostró nuestra historia reciente, bien puede suceder que hasta los beneficiarios de esas mejorías nos den la espalda. Ya hemos crecido a tasas Chinas, hemos mejorado los indicadores de pobreza e indigencia, hemos subsidiado al capital para garantir consumos a costos populares y hasta hemos mejorado jubilaciones y salarios docentes como no se recuerda en la historia reciente del país. Y los sectores medios y no pocos segmentos de los sectores populares nos han dado la espalda. Ni que decir del empresariado. Entonces, así como digo que con apoyar al gobierno no alcanza, digo: con que la economía mejore tampoco alcanza. Y esto puede agravarse si el tercer riesgo aparece en escena y de la mano de un crecimiento económico que no mejora empleo y salario real crece la conflictividad y la lucha social.

Terrabusi puede ser un punto de inflexión porque ha vuelto a generar algo muy positivo y olvidado para mejorar la distribución del ingreso: la alianza obrero -estudiantil. De modo que algo hay que hacer para asegurar en términos políticos los beneficios de una buena gestión y la bonanza económica. La derecha no va a dejar que capitalicemos esos logros y, mucho menos, que apalanquemos sobre esas mejoras un proceso de redistribución virtuosa del poder y la riqueza.

Por eso, la derecha nos ciñe al debate del presente. Desde que la victoria cultural neoliberal, de la mano de la lógica de las crisis recurrentes que nunca nos permiten volver siquiera al punto de partida de la crisis previa, ha instalado la idea del futuro como amenaza del presente, es decir, desde que hemos dejado de considerar que los hijos van a vivir mejor que sus padres, tal como sucedió desde nuestros abuelos a nosotros, la derecha evita discutir el futuro. Prefiere descargar sobre el gobierno la responsabilidad por los pesares del presente. Pero sabemos que, pese a los tremendos errores de conducción del gobierno, es por sus logros y aciertos que golpea la derecha.

Entonces, en este cuadro de situación, me parece que hay que redoblar esfuerzos, apoyar al gobierno desde ya, pero también desdoblarnos en un esfuerzo plus y generar las condiciones que permitan que las transformaciones avancen y los logros no reviertan. Para eso hace falta privilegiar la construcción política, ampliar las bases de sustentación del cambio y recuperar el favor de las mayorías populares. Sólo con apoyar al gobierno eso no se logra. Sólo con una nueva etapa de crecimiento económico, eso no se alcanza. Sólo con sumar dirigentes y militantes perdidos, tampoco.

Es necesario poner en perspectiva el cambio, situar la discusión en el futuro. En el país que queremos. Ese otro país que decimos es posible desde el FG, hay que expresarlo. Ponerlo en términos programáticos y desde ahí convocar e interpelar a otras fuerzas y actores, y a la sociedad toda, a sumarse. La derecha no quiere discutir el futuro porque su proyecto es una forma remozada del pasado: libertad de mercados, subsidiariedad del estado, alivio fiscal al capital y nuevo ciclo de endeudamiento. Está fresco en la memoria del pueblo lo que eso significa: hambre y padecimiento para las mayorías. Hay que forzar a la derecha a discutir el futuro. Para que muestre el rostro que oculta en la crítica denodada del presente. Para eso es imprescindible que tengamos nosotros claro qué proponemos y a qué convocamos. Y animarnos a expresarlo, incluso a costa de algún desagrado entre sectores del gobierno. Para que 2011 sea mejor que 2009, y 2015 mejor que 2011, hasta alcanzar la sociedad más justa y democrática que todos anhelamos.


Alejandro Otero
Presidente del Frente Grande - Capital

sábado, 29 de agosto de 2009

Otra vuelta de endeudamiento y van....

“Mas que un Bono, lo que la Legislatura le aprobó al macrismo es un certificado de ineficiencia para una gestión deslucida, errática e inoperante, y cada vez más cara”. Así definió el presidente del Frente Grande de la Capital, Alejandro Otero, a la Ley que le permitirá al PRO endeudarse con proveedores hasta el fin de su gestión.

“La fenomenal transferencia de fondos desde los bolsillos de los porteños hacia los amigos del poder continua por la vía de los ajustes de precios de los contratistas, las compras directas, la expansión de la estructura y el endeudamiento. Macri bate récords de presupuesto año tras año y nadie nota mejora alguna en la calidad de vida urbana. Eso si: hay vereditas coquetas”, precisó Otero.


“Es cada vez más notorio que el macrismo tiene un proyecto para la Ciudad: endeudarla. Pero no son recursos lo que le falta a la Ciudad. Falta un proyecto de Ciudad y convicción para realizarlo”, finalizó Alejandro Otero.

domingo, 23 de agosto de 2009

La reforma tributaria: una deuda todavía pendiente

A poco de asumir, el gobierno K sorprendió con una serie de iniciativas que rápidamente conectaron con el imaginario popular. Derechos Humanos, Renovación de la Corte Suprema, Paritarias Libres... En el marco de la recuperación del crecimiento económico, estas cuestiones contribuyeron a que el humor de las mayorías se volcara en su favor.

En ese contexto, se extendió la caracterización de “gobierno en disputa”, para dar cuenta de las distintas perspectivas, intereses y urgencias que atravesaban la agenda gubernamental. Aquella definición no parece haber perdido vigencia. Esto no quiere decir que no se hayan saldado cuestiones que integraban aquellas disputas. Algunas bien y otras no tanto. Entre esas que no se han saldado o que no se han saldado bien todavía, sobresale la reforma tributaria.

Tan enunciada como pospuesta, y pese a las enormes y significativas mejoras que en materia de financiamiento del sector público han introducido los gobiernos K, el sesgo fuertemente regresivo del sistema tributario y el agotamiento del federalismo fiscal argentino, herencias de la etapa neoliberal, hay que decirlo: perduran.

Ahora bien, ¿por qué es imprescindible encarar una reforma tributaria en la Argentina? O mejor, ¿desde qué perspectiva es imprescindible encarar una reforma tributaria? Veamos. Quién postule la necesidad de avanzar en la redistribución del ingreso, necesariamente va a tener que plantearse esta cuestión. No es el único motivo para planteársela. Uno podría también fundarla en la necesidad de fortalecer el federalismo fiscal argentino, en la conveniencia de asegurar la sustentabilidad de largo plazo del Estado o en la promoción de un modelo productivo que aliente la inversión. Y tal vez en otras razones adicionales.

Pero la distribución del ingreso en la Argentina actual, subyace de modo ostentoso como obstáculo severo para consolidar un modelo de país productivo e integrado, que promueva de modo sostenido la mejora en la calidad de vida de todos sus habitantes. Veamos entonces un par de grandes motivos para impulsar la reforma tributaria desde la perspectiva de la redistribución del ingreso.

Avance. En los últimos años, la recaudación (en cantidad y calidad) ha mejorado notablemente respecto de la década pasada. La presión fiscal efectiva nacional se incrementó, pasando de un promedio del 19% del PBI al 30% de la misma variable. En gran medida, este crecimiento se explica por la vigencia del impuesto a los débitos y créditos bancarios y por los derechos de exportación e importación.

Por su lado, la expansión de los mecanismos de retención y percepción de impuestos y otras mejoras de la administración, han introducido dificultades y bloqueos al incumplimiento tributario que mejoran la performance de ingresos y también ayudan a explicar ese incremento. De hecho, en la actualidad, algo más del 55% de la recaudación se garantiza por mecanismos compulsivos o concentradores de recaudación.

Asimismo, la participación de los recursos provenientes de los ingresos y el patrimonio se incrementó y en consecuencia disminuyó la presencia de los gravámenes al consumo, que hoy explican no más del 56% siendo que representaron casi el 70% del total.

Sin embargo, al mirar con mayor detenimiento, resulta difícil aseverar que se haya superado el sesgo regresivo del sistema. En efecto, un IVA casi plano que impone la misma alícuota del 21% a casi todos los consumos; un impuesto a las ganancias que en más del 60% proviene de empresas que pueden predefinir su alcance y trasladarlo en los precios hacia los consumidores y, del resto, la mayor parte proveniente del trabajo personal; sumado a un gasto tributario que supera el 2% del PBI y que en buena medida se debe a las exenciones a las rentas de capital y financieras o a beneficios al capital más concentrado, componen un cuadro de situación en la inercia del heredado.

Bajo la influencia de las ideas neoliberales se alentaron la eliminación del impuesto a la herencia, el olvido del gravamen a la renta potencial de la tierra, la consolidación del trato laxo a las rentas de capital y financieras y a las ganancias extraordinarias, la generalización del IVA a tasas elevadísimas, entre otras medidas en el mismo sentido regresivo. No casualmente, la brecha entre ricos y pobres pasó de ser de 7 veces a más de 30. El debilitamiento de la tributación directa, y en particular del Impuesto a las Ganancias, siempre se traduce en concentración económica y desigualdad.

En relación con el consumo, vale la pena recordar que entre las brutales transformaciones tributarias que Cavallo promovió y que afectaron el financiamiento del Estado, como la privatización previsional y la rebaja de los aportes patronales, se cuenta la derogación de numerosos impuestos internos que tendían a gravar de modo diferencial el consumo suntuario.

No estamos postulando la necesidad de volver al pasado, pero destacamos que desde entonces y hasta el presente el sistema tributario argentino no ha recuperado instrumentos que le permitan gravar adecuadamente los consumos superfluos. Cuestión relativamente sencilla de implementar y de alto impacto en términos redistributivos e incluso antiinflacionarios. No extraña entonces que en este cuadro de situación, algunas mediciones en base al índice de Ginni, aún con todos los reparos que se puedan establecer, tienden a evidenciar que la distribución del ingreso –ya regresiva– empeora tras la incidencia de los impuestos.

Redistribución.
El fenomenal proceso de concentración económica que alentó la etapa neoliberal, a la par de profundizar la asimetría distributiva del ingreso, hace que los trabajadores mejor pagos del país se concentren en un puñado de actividades y empresas. Por su parte, el tipo de recuperación económica y cierta inercia histórica mantienen a un número importante de los trabajadores en la informalidad laboral. Esta situación, con independencia de que un mayor grado de eficacia en el control estatal pueda ayudar a corregirla en parte, resultará perdurable.

En ese contexto de fuerte concentración económica e informalidad extendida, el poder redistributivo de los salarios se ve fuertemente limitado y requiere de otros instrumentos para resultar eficaz. Dicho en otros términos, en la situación actual, la expansión del empleo y la recuperación de salarios por encima de la inflación y el crecimiento de la productividad mejoran sin dudas el nivel de vida de los trabajadores, pero en términos de redistribución de la riqueza su poder de reversión es bajo.

El gasto público, su orientación y eficacia, puede contribuir a mejorar la situación. Si a través del presupuesto público se garantizara, por ejemplo, acceso a la salud, la educación, la vivienda y la alimentación a todos los habitantes del país, mucho es lo que, respecto de la situación presente, se avanzaría en términos de redistribución. Otro tanto lograría la cada vez más popular medida del subsidio universal por hijo. Pero el sistema tributario también debe ayudar a resolver la tarea pendiente. El consabido apotegma neoliberal que insiste en limitar al gasto el impacto redistributivo, postulando la supuesta neutralidad de los tributos, en realidad brinda una coartada fenomenal a la concentración de la riqueza y los ingresos para fugar del poder tributario.

El financiamiento del gasto, sus fuentes y sujetos alcanzados, incide sobre la distribución del ingreso, nunca es neutro. No alterar la incidencia actual, fuertemente regresiva, tiende a validarla, no a convertirla en neutra.

Por su parte, la reasignación de los flujos de ingreso generados en la actividad económica es condición necesaria para equilibrar las asimetrías distributivas consolidadas en la década pasada. Pero dado el proceso de acumulación en la concentración del capital de los últimos treinta años y sus consecuencias, los stocks de riqueza requieren ser afectados, de lo contrario, la concentración en sí resulta un reaseguro del proceso de concentración y desigualdad, en tanto tiende a replicar y reproducir sobre los flujos la distribución preexistente.

En otros términos, la desigualdad genera desigualdad y la concentración más concentración. A menos que el sistema tributario corrija.

Nota publicada hoy en el diario Miradas al Sur. Link a la nota: http://www.elargentino.com/nota-54886-La-reforma-tributaria-una-deuda-todavia-pendiente.html

domingo, 2 de agosto de 2009

La PROlicía de Macri

Sin dudas grave, lo del "Fino" Palacios es también parte de un problema mayor. Bien merecido el repudio generalizado a su nombramiento. Oportuna la cuestión para hacer un aprendizaje y establecer un método de selección más democrático de semejante cargo. Pero a no engañarse, el probema no se termina ahi.  Es evidente que la creación de la policía metropolitana, desde el punto de vista de mejorar las condiciones de seguridad general, carece de sentido. El traspaso y redefinición de la Federal era el camino. Esta doble policía en un mismo territorio va a traer cola. Y de la mala. Los esfuerzos del ministro por situar a la "nueva fuerza" en un ámbito de competencias distinto de la Federal no han hecho más que agigantar la inquietud. Dijo que se dedicará a evitar piquetes (inmediatamente frente a esa declaración, surge la cuestión de la criminalización de la protesta social). "De ninguna manera", dice el ministro. Nadie le cree. El problema se acerca a su punto de no retorno, el día en que ambas fuerzas estén en la calle.
   Mientras tanto, el verdadero sentido de esta fuerza de seguridad metropolitana se hace notorio. Esos nuevos agentes son maniquíes. Como esos que lucen en los locales de venta de indumentaria. Muñecos que sirven para colgarles cosas. Pistolas, chalecos, radios, en fin: aparataje variado y móviles. Vean si no. Las compras por contratación directa avanzan con prisa y sin pausa. ¿Cuánto terminará costando el chiste de esta fuerza metropolitana de seguridad? Nadie lo sabe. El gobierno habla de 500 millones. ¿Salarios y equipamiento o sólo salarios?Tampoco sabemos si disminuirá el delito. Pero sí nos consta que el déficit de la ciudad crece. Cerca de 1.000 millones este año. Y con él la deuda. Lo dijimos: la gestión PRO no ha demostrado ser mejor que otras, pero sí sensiblemente más cara. Parece que no se va a cansar de demostrarlo. La GranPro: Cara pero peor. 

domingo, 19 de julio de 2009

El Colorado y su laberinto tributario

Nota publicada en el diario Miradas al Sur el domingo 12 de julio.

por Alejandro Otero


lunes, 29 de junio de 2009

Momento de una reforma tributaria

cash  Nota publicada el 28 de junio, en el suplemento CASH de Página 12.

El organismo de contralor objeta que una empresa privatizada distribuya dividendos. Es decir, que asigne las ganancias obtenidas a sus accionistas. Esta operación es práctica frecuente en las empresas. Las utilidades obtenidas o se reinvierten en la empresa o se distribuyen, y “salen de ella” a manos de sus accionistas. La objeción desató una previsible discusión: ¿tiene o no facultades el Ente para impedir la decisión del Directorio de la empresa?, ¿se ha cumplido con el plan de inversiones comprometido por la privatizada? Muy interesante cuestión, el Ente de contralor controla. Bienvenido sea.

También vale la pena convertir el episodio en oportunidad para recordar el tratamiento que tienen los dividendos en nuestro impuesto a las ganancias. Veamos. Las utilidades de las empresas son gravadas al 35%. Esa es la norma para las personas jurídicas en nuestra ley de impuesto a las ganancias, pronta a vencer una vez más. Si se distribuye o no esa ganancia no existe ningún trato impositivo diferencial. Así, la empresa que reinvierte sus utilidades y la que las distribuye entre sus accionistas recibe el mismo trato. ¿Y las Pymes? Lo mismo. Por el lado del receptor del dividendo, si es una persona física y a consecuencia del mentado trato laxo de la renta financiera en nuestra legislación tributaria, el ingreso no es computable a la hora de liquidar el impuesto a las ganancias. O sea, ese ingreso personal no paga impuesto. El análisis se puede sofisticar para el caso de ser otra empresa el accionista o que existan exenciones de por medio o si el inversor es extranjero, etc. Pero lo central está dicho.

Ahora bien, si se quiere favorecer la reinversión (sobretodo en un contexto de crisis, sobretodo entre quienes generan empleo), ¿no será conveniente “premiarla” impositivamente? Es decir, dar un trato diferente a la reinversión y a la distribución de utilidades. Por otro lado, ¿tiene sentido a esta altura del partido mantener el trato alegre otorgado a los dividendos? La ausencia de una Reforma Tributaria no obsta a pequeñas modificaciones virtuosas. En sociedades de mercado, para redistribuir la riqueza el sistema tributario es un instrumento idóneo y potente. Mal que les pese a los neoliberales. Sobretodo cuando se trata de redistribuir a favor de los que menos tienen ¿No será hora de usarlo?