lunes, 26 de abril de 2010
Posición del Frente Grande sobre el Impuesto al Cheque
Que el Impuesto sobre los Débitos y Créditos Bancarios (IDCB) nace en plena crisis de la convertibilidad, bajo condición de transitoriedad y emergencia y que su vigencia se ha prolongado hasta el presente con vencimiento próximo en 2011.
Que su rasgo más relevante resulta su carácter regresivo, toda vez que se acumula a lo largo de toda la cadena productiva y de comercialización y las alícuotas (0,6 %) que gravan débitos y créditos bancarios, con muy contadas exenciones, no distinguen capacidad contributiva entre los contribuyentes; afectando por igual a empresas de muy distinto tenor y tamaño y resultan indiferentes, por ejemplo, entre un gran exportador y un trabajador independiente.
Que su contribución al financiamiento del estado argentino no es de modo alguno despreciable, representando aproximadamente un 8% de los ingresos tributarios por un monto de unos 24.000 millones de pesos de los cuales alrededor de 7.200 millones integran la masa de recursos a distribuir entre las provincias.
Que en los últimos años, las relaciones fiscales entre nación, provincias y la CABA se han complejizado siendo la coparticipación federal de impuestos sólo una de las fuentes de financiamiento que reciben las jurisdicciones; el Plan de Asistencia Financiera, con origen en las consecuencias de la crisis 2001 y las transferencias directas, son en el presente componentes relevantes del financiamiento subnacional.
Que el federalismo fiscal argentino viene evidenciando condiciones de agotamiento y fatiga prolongada que, en mucho, exceden a este gobierno nacional; siendo sus síntomas más destacados la disparidad entre las responsabilidades por el gasto, descentralizada en provincias y municipios y la concentración en la obtención de los recursos, en manos del gobierno federal; la baja o nula capacidad del sistema tributario para corregir y/o mitigar las brutales asimetrías que en materia de distribución del ingreso generan los mercados fuertemente concentrados existentes en el país y, por último, una distribución de recursos entre nación y provincias regida por situaciones de conveniencia o de hecho que no reflejan la condición relativa entre las distintas jurisdicciones del país.
Que sobre este último punto, es preciso recordar que los coeficientes que rigen la coparticipación federal de impuestos en la argentina y determinan la asignación de los recursos, tanto entre la nación y las provincias, como entre las provincias en si, se originaron a fines de los años 80 y no responden a criterios objetivos que permitan distinguir responsabilidades y necesidades objetivas entre las jurisdicciones.
Que aquellos coeficientes, aún con las modificaciones ulteriores, tienden a reproducir en materia de distribución regional del ingreso las condiciones preexistentes y las que se fueron gestando desde entonces, en el marco de las profundas transformaciones económicas, sociales e institucionales que vivió el país en las últimas décadas.
Que la Ciudad Autónoma logró un avance extraordinario al conseguir un porcentaje de participación en los recursos que se distribuyen entre las jurisdicciones (1,4%) en el año 2003, eliminando el sistema preexistente de asignación de suma fija.
Que, sin embargo, la Ciudad siempre manifestó que ese porcentaje no refleja la situación de la Ciudad.
Que en más de una oportunidad se ha señalado, desde muy distintos ámbitos, la necesidad de revisar el sistema que rige las relaciones fiscales entre la nación y las provincias.
Que sobre el particular existe un mandato constitucional incumplido, en tanto la cláusula transitoria sexta de la CNA manda sancionar antes de la finalización del año 1996 un régimen de coparticipación conforme lo dispuesto en el inciso 2 del art. 75 (que justamente establece los rasgos que deben tener los coeficientes mencionados).
Que este cuadro de situación se agudiza en el marco de la penuria fiscal que hoy afecta a muchas provincias como consecuencia del impacto de la fenomenal crisis internacional que sacude a los mercados del mundo.
Que el proyecto que se impulsa en el HCN para reformar la Ley del IDCB no cambia la situación de la Ciudad Autónoma, toda vez que remite a la distribución originaria prevista en la Ley 23548.
Que insistir en subsanar un problema de fondo con soluciones parciales, no harían más que agravar el problema que se pretende resolver y nos llevaría, de acá a poco, a enfrentar la misma situación.
Por todo ello RESOLVEMOS
Rechazar el proyecto de reforma del IDCB toda vez que no resuelve y agrava los problemas preexistentes, y
Promover una revisión profunda del sistema tributario argentino, del mecanismo de reasignación de recursos entre las jurisdicciones y de las instituciones encargadas de su administración; favoreciendo la incorporación de gravámenes personales y progresivos que atendiendo a la verdadera capacidad contributiva de cada uno reviertan la situación presente y cumplan el principio elemental de equidad; de modo que contribuyan en mayor medida quienes más ganan y tienen, se eliminen los privilegios y se graven de modo diferencial las ganancias y/o rentas extraordinarias, en un marco donde se federalicen las relaciones fiscales entre la nación y las provincias.
domingo, 14 de marzo de 2010
La coparticipación del impuesto al cheque, la reforma tributaria en la Ciudad y un clásico de primavera que llega en otoño
La discusión sobre la coparticipación del impuesto al cheque brinda una buena oportunidad para revisar algunas de las falencias del federalismo fiscal argentino y, en particular, sobre la posición que hoy tiene la Ciudad en la distribución de los fondos coparticipables(1).
Esa oportunidad no se aprovecha en ninguna de las dos posturas más difundidas. Veamos.
Por un lado, los neoliberales van a cuestionar la ampliación de la coparticipación del tributo sobre los débitos y créditos bancarios alarmados porque esa situación lo torna más estable en el sistema tributario argentino. Y no se equivocan. En efecto, una vez que pase a conformar el esquema de financiamiento habitual de las provincias en grado relevante, la remoción del impuesto al cheque, que siempre promovieron, se torna más lejana y menos probable.
Recordemos que este impuesto nace en plena crisis de la convertibilidad, bajo condición de transitoriedad y emergencia y que ha sido siempre cuestionado por su carácter “distorsivo” y regresivo.
Por otro lado, el pragmatismo de las gobernaciones provinciales, urgidas de recursos y con fuertes limitaciones para expandir la capacidad recaudatoria de los sistemas tributarios locales, busca en la reasignación de los recursos entre Nación y Provincias un alivio a las presiones políticas y sociales que enfrentan. De ahí la iniciativa que promueven, a favor de ampliar la cuota que les corresponde a las Provincias y distribuirla en función de los coeficientes que hoy rigen el reparto entre ellas.
Aún cuando supongamos que la Ciudad queda incluida en esta propuesta, situación que no está clara, la cuestión merece mirarse desde otro lugar.
II.
La Ciudad obtuvo un progreso extraordinario cuando en el marco del inicio de la recuperación económica del país, logró sustituir los ingresos fijos que le giraba la
Nación por un porcentaje (1,4%) de la masa coparticipable (2). De ese modo la Ciudad, al igual que todas las jurisdicciones, se benefició recibiendo más recursos con el constante incremento de la recaudación tributaria que se verifica desde entonces.
Sin embargo, la Ciudad dejó siempre en claro que ese porcentaje no expresaba la relación existente entre el esfuerzo que su actividad económica aporta a la constitución de la masa coparticipable y lo que apropia. Otras jurisdicciones, como la Pcia. de Bs. As., tienen planteos similares y la cuestión viene irresuelta desde hace mucho tiempo.
Además a la Ciudad se le responde con el hecho de que no financia gastos que sí financian otras jurisdicciones (seguridad, justicia….) y recibe por vía directa mantenimiento de infraestructura que en otras partes del país no llega de ese modo.
Es decir, subsiste un debate sobre cuál es la justa relación entre aportes y asignaciones que le corresponde a la Ciudad Autónoma.
Lógicamente, en el marco de las brutales asimetrías que en materia de distribución regional del ingreso tiene el país, no es sensato postular que exista una correspondencia estricta entre los aportes a la masa distribuible y la porción que cada uno apropia. Por razones de solidaridad, quienes están en mejor condición de contribuir deben hacer un esfuerzo mayor y recibirán menos de lo que aportan. La cuestión es la brecha.
Se estima que la Ciudad aporta no menos del 25% de la masa coparticipable. No es lógico que reciba en la misma proporción, tampoco lo es que reciba tan poco.
III.
¿Por qué esto sucede? La cuestión es compleja y excede este trabajo, pero básicamente ocurre porque los coeficientes que distribuyen los fondos son fijos y expresan una solución de compromiso, lograda a fines de los 80 y en el marco de una supuesta transitoriedad del sistema, que con leves modificaciones se mantiene hasta el presente.
Cuando decimos que los coeficientes son fijos decimos que no varían ante cambios en la condición relativa de las jurisdicciones; es decir si una región mejora y otra no, esto no altera la proporción en que se reciben los recursos (3). Y cuando decimos que expresan una solución de compromiso decimos que fue el punto de equilibrio entre los acuerdos y las posibilidades que brindó el momento histórico en que se estableció.
En este marco, ¿por qué no plantear desde la Ciudad una revisión de los porcentajes de distribución que se acerque más a un sistema de coeficientes móviles en base a parámetros que permitan establecer la medida en que cada jurisdicción aporta y tiene obligaciones que financiar?
Dicho de otro modo, ya que se piensa ampliar la coparticipación de un ingreso, ¿por qué no lo coparticipamos de un modo distinto, más cercano a los esfuerzos y obligaciones que asume cada jurisdicción?
IV.
En estos días, el gobierno de la Ciudad vuelve a plantear el problema de falta de recursos. Reimpulsa el endeudamiento con nuevas licitaciones de Títulos y promueve un nuevo impuestazo inmobiliario que busca legitimar en una Comisión de Reforma Tributaria.
Lo hemos dicho muchas veces, Macri no enfrenta un problema de falta de recursos, tiene el presupuesto más alto de la historia y viene endeudando a la Ciudad a paso firma. Macri tiene un problema de gestión.
Su incapacidad para la gestión no se resuelve con más plata. Requiere otra cosa que Macri no va a hacer. Requiere enfrentar a las Corporaciones que han hecho del estado de la Ciudad un estado cautivo a su medida y a costa de los vecinos.
No se ilusionen con la gestión de la Ciudad, la gran Macri (Cara pero peor) no va a modificarse.
Sin embargo, cualquier propuesta de reforma tributaria en la Ciudad amplia sus límites y horizontes si cambia la Coparticipación federal de impuestos. Plantear el lugar que le corresponde a la Ciudad en la distribución de los fondos federales parece una mejor forma de defender el bolsillo de los porteños que la combinación de impuestazo con endeudamiento a que nos tiene acostumbrados el jefe de gobierno en cada primavera desde el 2006, y que esta vez anticipó al otoño.
(1) Este escrito pretende brindar elementos para la discusión política en la coyuntura. Es preciso aclarar que estamos convencidos que la revisión del federalismo fiscal argentino requiere ir más allá de la coparticipación federal de impuestos. Es preciso mirar la sustentabilidad fiscal del estado en su conjunto y los institutos que hacen a ella. De hecho, contra las ideas dominantes, pensamos que el fortalecimiento del federalismo fiscal no pasa ya por la coparticipación.
(2)
(3) Nótese que, por ejemplo, no habían avanzado las privatizaciones, la tan comentada cuestión minera aún no había explotado ni se prefiguraba como posible fuente de financiamiento estatal, ni se había federalizado el subsuelo. Situaciones todas estas que cambiaron las potencialidades de financiamiento subnacionales y la condición relativa de muchas provincias.
lunes, 18 de enero de 2010
El Frente Grande de la Ciudad apoya la creación del Fondo del Bicentenario
El Frente Grande de
Apoyamos la creación del Fondo del Bicentenario porque en el actual contexto de crisis internacional, y a menos que se esté dispuesto a no pagar los compromisos asumidos, el uso de las reservas monetarias del país para garantizar el pago de la deuda constituye una medida acertada y consistente con un modelo de desarrollo productivo e inclusivo que supere la etapa neoliberal en el país.
Acertada porque brinda una fuente de financiamiento más económica que otras; consistente, porque permite disponer de los recursos necesarios para financiar las políticas públicas de desarrollo e inclusión social que se vienen impulsando desde el gobierno nacional.
Es muy cierto que en materia de financiamiento del sector público queda mucho por hacer, (la reforma tributaria, por ejemplo), pero también es cierto que los gobiernos K han evidenciado un manejo más que prudente y responsable de las finanzas públicas. En la época de auge y crecimiento garantizaron el superávit. En la crisis evitaron el default. Hicieron lo que ningún otro gobierno hizo en los últimos cuarenta años: alivianaron el peso de la deuda pública, mejoraron sensiblemente la capacidad de autofinanciamiento del estado y ampliaron las reservas en divisas. Los anuncios de insolvencia fiscal y default que los detractores del gobierno anuncian año a año, se han visto frustrados por este manejo prudente de las finanzas del estado .Y nuevamente se verán frustrados este año.
Repudiamos la actitud del Presidente del BCRA porque expresa la resistencia del modelo neoliberal a las políticas alternativas y populares que impulsa el gobierno nacional. Tras argumentos leguleyos y pretendidamente racionales, encubre una férrea defensa de una de las creaciones más nefastas del neoliberalismo argentino, el Banco Central pretendidamente independiente y reducido a preservar el valor de la moneda. Cuestiona, por pretendidamente inflacionarias, las políticas de defensa del empleo y sostén de la actividad económica, y sin cortapisas defiende las políticas de ajuste y endeudamiento que nos llevaron a la situación de humillación y sufrimiento de la que hoy intentamos salir con un enorme esfuerzo todos los argentinos.
Es inconcebible, pero no sorprendente tratándose de un funcionario que históricamente hizo gala de su ideología ligada al interés del sector financiero, que pretenda perpetuarse en el cargo con tamaño nivel de disidencia con las políticas del gobierno.
Es hora que el gobierno reflexione sobre la evidencia reiterada de que la oposición de derecha no está sólo en las bancas del Congreso o en algunas Provincias, también ocupa los despachos oficiales. Cambiar a Pérez Redrado por Blejer es insistir en darle a la oposición de derecha un lugar en el gobierno. A no quejarse luego.
Es hora también de entender que más allá de los funcionarios que puedan ocupar
miércoles, 30 de diciembre de 2009
martes, 8 de diciembre de 2009
lunes, 9 de noviembre de 2009
domingo, 18 de octubre de 2009
Respecto a los recursos del Presupuesto 2010 de la ciudad
El Frente Grande porteño cuestionó a Macri por el presupuesto 2010
Buenos Aires, 11 octubre (NA) -- El presidente del Frente Grande de la Capital, Alejandro Otero, criticó con dureza el proyecto de presupuesto presentado por el gobierno de Mauricio Macri al sostener que "siendo el presupuesto de recursos más alto de la historia, no alcanza y el resultado es deficitario".
"La mayor parte del financiamiento de la Ciudad provendrá otra vez del bolsillo de los sectores medios porteños", afirmó Otero, luego de analizar los principales puntos del Presupuesto porteño que analiza la Legislatura porteña.
"Las grandes fortunas patrimoniales, los empresarios amigos que explotan concesiones, juego, promueven la construcción y ocupan las veredas coquetas, continuarán haciendo como si pagaran", afirmó, mediante un comunicado.
Ex responsable de los ingresos de la Ciudad entre 2000 y 2006, el líder del Frente Grande porteño presentó una "primera mirada sobre los recursos del presupuesto de la Ciudad 2010" y en la que incluyó críticas al endeudamiento.
"Crecerá el endeudamiento, y no hay que descartar impuestazos.
La Ciudad no mejora, y pese a eso, la gestión PRO no abandona su línea: cara pero peor", disparó.
FUENTE: http://www.terra.com.ar/feeds/notas/256/256592.html
OTROS LINKS:
http://seccionpolitica.com.ar/ciudad-otero-con-criticas-al-presupuesto-2010-aid3614.html
http://www.genteba.com.ar/politica/notas/pol_nota.php?id=5854
martes, 6 de octubre de 2009
Ponencia en la Asamblea Nacional del Frente Grande, el pasado 26/9
Las tareas pendientes anteriores al 28 de junio son las mismas: la elaboración de una concepción superadora del neoliberalismo, la articulación de un espacio político, social, económico y cultural que le de viabilidad histórica, y la construcción de un estado consistente con esa perspectiva que pueda removerlo de su lugar actual de garante de la ortodoxia. Las mismas tareas pendientes, pero las condiciones objetivas son ahora menos favorables. Por otro lado, existe un segundo riesgo, que llamaría el de la “autocomplacencia”. Es decir, el riesgo derivado de la confianza en que la economía, en la medida en que mejore y se retome una senda de crecimiento, bastará para asegurar el apoyo político que necesitamos para darle continuidad al proyecto. Grave error. No porque la economía no vaya a mejorar el año próximo. Coincido con Arnaldo y digo más. Es de la mano de la expectativa de la cosecha de soja y de las condiciones internacionales de nuestros “clientes” que, paradójicamente una vez más, el país encuentra en la crisis una oportunidad extraordinaria. Sin embargo, aún cuando la economía retome una senda de crecimiento y virtuosismo macroeconómico, si nada hacemos para que esos logros se conviertan en activos políticos, y nos lo demostró nuestra historia reciente, bien puede suceder que hasta los beneficiarios de esas mejorías nos den la espalda. Ya hemos crecido a tasas Chinas, hemos mejorado los indicadores de pobreza e indigencia, hemos subsidiado al capital para garantir consumos a costos populares y hasta hemos mejorado jubilaciones y salarios docentes como no se recuerda en la historia reciente del país. Y los sectores medios y no pocos segmentos de los sectores populares nos han dado la espalda. Ni que decir del empresariado. Entonces, así como digo que con apoyar al gobierno no alcanza, digo: con que la economía mejore tampoco alcanza. Y esto puede agravarse si el tercer riesgo aparece en escena y de la mano de un crecimiento económico que no mejora empleo y salario real crece la conflictividad y la lucha social.
Terrabusi puede ser un punto de inflexión porque ha vuelto a generar algo muy positivo y olvidado para mejorar la distribución del ingreso: la alianza obrero -estudiantil. De modo que algo hay que hacer para asegurar en términos políticos los beneficios de una buena gestión y la bonanza económica. La derecha no va a dejar que capitalicemos esos logros y, mucho menos, que apalanquemos sobre esas mejoras un proceso de redistribución virtuosa del poder y la riqueza.
Por eso, la derecha nos ciñe al debate del presente. Desde que la victoria cultural neoliberal, de la mano de la lógica de las crisis recurrentes que nunca nos permiten volver siquiera al punto de partida de la crisis previa, ha instalado la idea del futuro como amenaza del presente, es decir, desde que hemos dejado de considerar que los hijos van a vivir mejor que sus padres, tal como sucedió desde nuestros abuelos a nosotros, la derecha evita discutir el futuro. Prefiere descargar sobre el gobierno la responsabilidad por los pesares del presente. Pero sabemos que, pese a los tremendos errores de conducción del gobierno, es por sus logros y aciertos que golpea la derecha.
Entonces, en este cuadro de situación, me parece que hay que redoblar esfuerzos, apoyar al gobierno desde ya, pero también desdoblarnos en un esfuerzo plus y generar las condiciones que permitan que las transformaciones avancen y los logros no reviertan. Para eso hace falta privilegiar la construcción política, ampliar las bases de sustentación del cambio y recuperar el favor de las mayorías populares. Sólo con apoyar al gobierno eso no se logra. Sólo con una nueva etapa de crecimiento económico, eso no se alcanza. Sólo con sumar dirigentes y militantes perdidos, tampoco.
Es necesario poner en perspectiva el cambio, situar la discusión en el futuro. En el país que queremos. Ese otro país que decimos es posible desde el FG, hay que expresarlo. Ponerlo en términos programáticos y desde ahí convocar e interpelar a otras fuerzas y actores, y a la sociedad toda, a sumarse. La derecha no quiere discutir el futuro porque su proyecto es una forma remozada del pasado: libertad de mercados, subsidiariedad del estado, alivio fiscal al capital y nuevo ciclo de endeudamiento. Está fresco en la memoria del pueblo lo que eso significa: hambre y padecimiento para las mayorías. Hay que forzar a la derecha a discutir el futuro. Para que muestre el rostro que oculta en la crítica denodada del presente. Para eso es imprescindible que tengamos nosotros claro qué proponemos y a qué convocamos. Y animarnos a expresarlo, incluso a costa de algún desagrado entre sectores del gobierno. Para que 2011 sea mejor que 2009, y 2015 mejor que 2011, hasta alcanzar la sociedad más justa y democrática que todos anhelamos.
Alejandro Otero
Presidente del Frente Grande - Capital

